Vivimos en una sociedad de extrema mobilidad. Poca es la gente que hay que no tenga un buen amigo o un familiar viviendo en algún país alejado, los viajes son habituales y fáciles, grandes autopistas bien asfaltadas y de inumerables carriles en ambos sentidos invaden nuestros valles, las rutas florecen donde antaño sólo había nubes y el mar ya no es azul, sino negro de combustible.
Es, además, la nuestra una sociedad de comunicación. La comunicación a distancia es posible no sólo por los medios tradicionales -cartas, llamadas telefónicas -sino gracias a todas las herramientas que nos propone Internet -messenger, redes sociales (tuenti, facebook...), servicios de videoconferencias, blogs...
Y a pesar de estos dos factores mayores, factores que sin duda definirán nuestra era ante los ojos de las generaciones venideras (fuimos los primeros en movernos y comunicarnos "libremente"), la distancia, nos da la impresión, dificulta sobremanera cualquier relación. Hablo no sólo desde mi propia experiencia, tras dos años lejos de mi botxo, hablo también de las experiencias ajenas que he tenido el honor de escuchar atentamente.
Y todos me hablaban de la distancia, la distancia. ¿Pero qué distancia? La primera y mayor aceptación de ese término se refiere a un espacio o un intervalo medible (física o temporalmente), y todos, incluido yo en un principio, estábamos de acuerdo que esa distancia era el mayor obstaculo para la comunicación. No obstante, dando ejemplos concretos para explicarlo, ya no estoys de acuerdo. Tengo numerosos amigos esparcidos un poco por toda la geografía francesa e italiana, y no por ello no mantenemos una relación. En estos casos, el messenger y el facebook -recordemos que el tuenti es una herramienta únicamente ibérica -son una excelente vía de comunicación, y la distancia no nos aleja. Seguimos hablando a menudo -no siempre con el sonido de nuestra voz, pero con la caligrafía de nuestro alma -como si nunca nos hubiésemos separado.
No obstante, también hay otros amigos lejanos con los que aún disponiendo de las mismas herramientas, soy incapaz de mantener una relación a distancia. Hablamos brevemente ("Hola" "hola" por el messenger) y ya no sabemos qué más decir. Y no es que vivan más lejos, o que el idioma sea una barrera -Inglés, castellano y francés y hablas con todo Dios -debe ser algo diferente lo que nos distancia y nos impide relacionarnos.
La segunda aceptación del término distancia es la de la diferencia, la desemejanza como dice la R.A.E. Y eso me parece que explica mejor la ausencia de comunicación. No se trata de que tú estés en Londres y yo en California. Se trata de la distancia "moral" que nos separa. Dos personas se hacen amigas porque sus caminos se cruzan brevemente, pero la distancia "moral" entre ambos les impiden mantener una buena relación a distancia como -creo yo -tampoco les permitiría mantenerla buena en el mismo barrio. Las diferencias son insalvables, no hay puntos en común, nada de lo que hablar...
No es que la comunicación se dificulte por las diferencias, sino que se exacerba por las semejanzas, la distancia en kilómetros es sólo la excusa que alegan los necios para argumentar los fracasos relacionales. Si una "amistad a distancia" no funciona, no es por la "distancia", sino por la "amistad".